Invierno que se siente Primavera

Como el soplo fresco de la brisa que anticipa la llegada de la primavera y con ella, las primicias de la vida que renace, sentimos que la pedagogía Waldorf y sus enseñanzas llegan a nosotros.

Sus bases están arraigadas al respeto, al amor, a la evolución del ser humano como medio para concretar la realización personal y colectiva y se alejan de la superficialidad, de las a veces llamadas tendencias hippies, de modismos, moda y snobismo.

La pregunta, de todos modos, se sostiene y es siempre válida; qué hay detrás de este aparente movimiento que lo hace tan atractivo, llamativo, juzgado y por muchos resistido…

La respuesta, por caer en la simplificación, porque no hay una sola, es justamente eso, su simpleza y al mismo tiempo la complejidad que encierra en su seno la idea de poner al niño, al ser humano, en el centro del proceso y del sistema educativo, pero no en búsqueda de estándares y formulas repetidas y conocidas, sino abrazando su individualidad y riqueza espiritual. Porque es desde esta riqueza que cada ser, cada niño trae a la vida que lo recibe, que se termina generando el esplendor colectivo y social, la felicidad, la paz y el bien comun.

Otra pregunta subyace y reclama cierto análisis. ¿Qué nos sucede socialmente, comunitariamente, que algo, ideas y postulados que están cerca de cumplir 100 años nos movilizan de modo tal que parecen revolucionarias?

La pedagogía Waldorf encuentra sus orígenes en la primera post guerra, quizás como salida a esta terrible crisis humana en la que todo es destruido y hay que volver a empezar. Entre ese todo en ruinas, el ser humano se vuelve a pronunciar como la entidad que renace y crea vida, crea oportunidades. Es en esa Alemania en reconstruccion en la cual Rudolf Steiner encuentra el espacio y el tiempo para abrir las puertas de la primera escuela Waldorf. La idea central, misma educacion para todos los niños sin importar su condicion social. El respeto por el ser humano y todo el entorno que lo rodea como punto de partida. La individualidad de cada espìritu como fuente continua de aprendizaje.

100 años después la pedagogía Waldorf y todas las ideas que Rudolf Steiner desarrolló a través de la antroposofía, vuelven a poner luz y a prometer una primavera de renacimiento a esta sociedad del siglo XXI. Sociedad que atraviesa otras crisis, otras guerras, igual de dolorosas, igual de destructivas o si se quiere más aún, creadoras de pobreza y de muerte que no matan solamente con bombas, pero que destruyen al ser humano desde su esencia aniquilándolo y anestesiándolo con falsas felicidades y vínculos virtuales, donde la tecnologia se pone en el centro al supuesto servicio del hombre, pero lo aisla, lo achata, lo estandariza volviéndolo máquina.

Es bueno cuestionar, pensar, buscar, investigar… ¿Qué llama aún sigue encendida en nuestro interior, qué niñez aún persiste, grita y clama dentro nuestro para salir a buscar 100 años atrás en la historia, valores perdidos, olvidados, aquietados por cambios culturales que nos vuelven autómatas, consumistas y nos sumen en el individualismo más puro y en la soledad absoluta, aun cuando parecemos hiperconectados con nuestro alrededor?

Desde Lo de Rodolfo abrimos este nuevo espacio para compartir ideas, historias, información, experiencias. Queremos ser un espacio de luz que invite al diálogo constructivo desde el amor por el saber y desde la búsqueda de crecimiento constante.

Les proponemos arrancar no de cero, arrancar desde hace 100 años volviendo a lo simple, a la riqueza de lo más básico, al juguete que nos acompañe por mucho tiempo, al consumo responsable, a la magia de la naturaleza, al respeto por la niñez de quiénes serán algún día los adultos que busquen y trabajen por la creación de un mundo más justo, por la paz, por el fin de los prejuicios y por la igualdad en todas sus formas, sin estándares ni modas, ni absolutismos, si no todo lo contrario.

Los invitamos a recibir las vidas de los más pequeños tomando con nuestras manos esa esencia tan pura y particular que viene a rescatar al niño que quedó dormido en nuestros corazones y espera ser amorosamente abrazado para que le digan: ¡VOS, vení a jugar que afuera ya hace calorcito de primavera!

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